lunes, 25 de agosto de 2008

HABÍA UNA VEZ...

HABÍA UNA VEZ, EN UN LEJANO REINO, UNA NIÑA QUE LE GUSTABA LEER LAS AVENTURAS DE DANIELA MALOSPELOS (O SEA LAS MÍAS), Y TAMBIÉN LE GUSTABAN LOS ANIMALES, Y PINTAR CAMISETAS.

ASÍ ES QUE ESA NIÑA (O SEA ALBA), PINTÓ UN DÍA UNA PRECIOSA DEL MAR CON UNA BALLENA Y UNA PALMERA, Y LA MANDÓ POR CORREO, QUE ES CUANDO SE LA DAS A UNOS SEÑORES Y LA LLEVAN A DONDE TU QUIERES. Y ENTONCES PASÓ QUE...

QUE AQUÍ LA TENGO YO AHORA, Y EN ESTE MOMENTO LA LLEVO PUESTA, Y ME ENCANTA. JE, JE, JE...

miércoles, 13 de agosto de 2008

QUÉ FELICIDAD

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QUÉ FELICIDAD. ESTA MAÑANA HE ESTADO EN CASA DE MI AMIGA MÓNICA JUGANDO CON LOS CACHORRITOS QUE VEIS AQUÍ. NACIERON HACE CUARENTA DÍAS, Y SE LLAMAN MAX, BERTA Y TOMY, Y SON MUY, PERO QUE MUY GUAPOS Y JUGUETONES. SUS PADRES SON MELÓN Y TRUFA, Y TUVIERON SEIS, PERO A LOS DEMÁS SE LOS HAN LLEVADO YA. Y NO ME EXTRAÑA, PORQUE SON PRECIOSÍSIMOS, ¿A QUE SÍ?

(si quieres ver la película dale a la flecha que hay a la izquierda)

lunes, 4 de agosto de 2008

LA VISITA

Es divertido recibir visitas, como la de un amigo que le cambiaron de cole y hace tiempo que no ves, de una tía que pasaba por el barrio y te trae un regalo, de una vecinita que va a celebrar su cumple y le faltan globos para adornar el cuarto... Pero la visita de ayer fue una de las más geniales e inesperadas de todas. Y es que vino a verme Rita, la novia de mi perro Trufo, y como sus dueños se tenían que ir unos días de viaje, pues la dejaron a dormir en mi casa.
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Rita es una encantadora perrita de raza Westie. Blanca, de patitas cortas y orejas picudas. Y además es simpática, juguetona, educada y muy, muy lista. Veréis. Le trajeron su cestita de tela acolchada, y yo se la puse rápidamente al lado de mi perro Trufo, para que no se sintiera sola. Pero al llegar la noche me di cuenta de que no la usaba, y se tumbaba junto a la puerta de entrada y desde allí me miraba fijamente. Yo la cogí en brazos y la puse encima de su cestita. Y ella, nada, que se iba junto a la puerta otra vez y volvía a mirarme fijamente. Así varias veces. Hasta que de repente me di cuenta de que intentaba decirme algo. Y ese algo era que... ¡le gusta dormir junto a la puerta de entrada!
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Y le llevé allí su cestita, y ella se puso feliz y se durmió enseguida. Y entonces yo me quedé pensando. Hummm... qué listos son algunos perros, que encuentran la manera de comunirse con los humanos.